Capitulo 1~Todos somos invisibles~
Ese sonido de todas las mañanas, mi despertador que ya ha sonado como seis veces, mi mamá gritando... ¡Ya es hora de levantarte, llegarás tarde! Un nuevo día para mí, quisiera decirlo con alegría porque ya paso un rato y yo sigo viva, pero aún no sé porque no me alegra del todo, quizás es porque ni si quiera tengo ganas de levantarme, ver las caras de mis padres y mi hermano Alfredo durante el desayuno no es como empezar bien un nuevo día, más bien es como si pudiera ver una foto, con esas caras amargadas que no alegran en lo absoluto, cuando algo como unos simples ¡Buenos días! ya se dicen por monotonía más que por gusto de verlos por la mañana.
Me visto para ir a la escuela, nada inusual, mis jeans rotos, la primera playera que encontré en mi ropero y los mismos tenis negros que han pasado por todo, realmente no me importa como pueda verme, al final nadie se fijará en cómo me veo, solo mi madre que me dirá exactamente las mismas palabras que me dice cada vez que me ve por la mañana vestida diferente a lo que ella quisiera..."Otra vez Amelia, ese mismo uniforme, pareces un retrato, deberías vestirte más como tu prima Mónica, tan femenina y linda; y esos tenis, pareces pandrosa", piensa que le pongo atención a sus palabras, no sé por qué no entiende que no soy Mónica y que no lo quiero ser, tampoco puedo decir que así me gusta estar, que este es mi estilo, porque ni siquiera lo tengo; pero ni hablar, me siento frente a la mesa de madera a comer el pedazo de pan que desayuno todos los días y un vaso con leche, "Necesitas tener energía para salir bien en la escuela Amelia, desayuna", es la clásica frase de mi padre, lo que me indica que eso es lo que espera de mí, ir a la escuela y sacar buenas calificaciones, no me pide más, o por lo menos eso creo; y pues claro que no me encanta la idea porque sacar las calificaciones que mi padre pide implica estudiar, hacer tareas y esas cosas que hace la gente sin vida y pues yo tengo una vida, no significa que esté feliz de tenerla, pero pues la tengo y esa es una razón suficiente como para no cumplir con la exigencia o deseo de mi padre.
Alfredo está concentrado en la televisión, aunque sé perfectamente que las noticias de la mañana no son de su agrado, prefiere ponerles atención y no tener que "Desayunar en familia", si es que así se le puede llamar. Alfredo es dos años más chico que yo, dice mi madre que si yo hubiera pensado como él a mis 15 años, ahora podría presumirle a Rosario, mi madrina que también es la mejor amiga de mi madre, que tengo buenas calificaciones, que ya trabajo en un súper mercado, con poco sueldo pero ayudo con eso a la casa y que ya sé que es lo que quiero hacer con mi vida; pero en cambio mis calificaciones no son algo que mi mamá pueda presumir, no tengo ganas de trabajar, o bueno tal vez solo para salirme de casa unas horas, pero aun así, no es lo mío y obviamente no tengo la menor idea de que quiero hacer con mi vida, es más, ni si quiera sé que es lo que quiero hacer mañana, o peor aún no se si quiero seguir viviendo; así que Rosario tendrá que esperar a que Alfredo tenga mi edad para que pueda presumirle todo lo que ella espera.
Doy el último sorbo a mi vaso de leche porque quedan como diez segundos para que mi mamá diga que ya se hace tarde para llegar y que necesita pasar con Doña Paty, para comprar la comida de hoy...4,3,2,1...y lo dijo, justo como todos los días, ni una palabra más, ni una palabra menos; subo a mi habitación por mi mochila que ni si quiera abrí ayer porque ni sabía si tenía tarea, que seguramente sí, porque la señorita Jiménez siempre busca la manera de fastidiarnos la tarde, ella le dice repaso de clase necesario para desarrollar nuestras habilidades, aunque yo creo que es una manera de desquitarse de su marido que la está dejando porque a ella solo le importa su trabajo; lo que claro es una hipótesis porque no se absolutamente nada de su vida y espero nunca saberlo. Me subo al coche, me pongo mis audífonos y le pongo play a mi reproductor MP3 mientras veo que mi madre se despide con entusiasmo desde el jardín de mi casa, seguro se alegra porque no nos verá en unas ocho horas, o porque puede hacer lo que ella quiera sin que nadie le diga nada, o tal vez ni si quiera se alegra y solo sonríe para que creamos que es una madre preocupada por sus hijos, aunque sé bien que nos prefiere lejos.
Veo que mi padre y mi hermano platican, solo se ve cómo mueven sus bocas porque no escucho absolutamente nada de lo que están diciendo gracias a mi música; llegamos a la escuela, ¡Adiós papá! gritamos mi hermano y yo mientras cerramos las puertas del coche; y otra vez el mismo camino para llegar a mi salón, donde sé que ya está Jenny, mi “amiga” de la escuela, aunque sé perfectamente que ella habla mal de mí frente a Patricia, la chava más falsa y presumida que alguien pueda conocer, a veces creo que sería mejor si mágicamente desapareciera, el mundo cambiaría, eso último hizo eco en mi cabeza, cambiaría al mundo, ¿en qué lo cambiaría?, a fin de cuentas es una persona más en el mundo que solo el 0.0000000001% de la población la conoce, es decir, llorarían un rato, se preguntarían porqué pero ahí acaba su historia y unos meses después ya ni sería recordada; a partir de ese momento no pude dejar de pensar cómo se podría cambiar al mundo, cómo alguien invisible empezaría un proyecto para que millones de personas se den cuenta y sean mejores, el proyecto sería invisible también, es algo obvio, a menos de que sea algo grande, algo que sea imposible de pasar desapercibido, que todos noten y puedan decir ¡wow!, pero ¡qué!; y sin saber que interrumpiría mi pensamiento llegó Santiago, el chavo que aún creía que la escuela era un lugar para aprender a ser mejores y que estudiar era necesario para ser feliz, alguien invisible en toda la escuela, espera… yo también soy invisible, Jenny es invisible, incluso Patricia lo es, o acaso…¿Han hecho algo para sobresalir?, no, simplemente critican y esperan que su escuadrón de admiradores les diga lindas, aún creyendo que alguna de ellas les hará caso. –Hola Amelia- dijo Santiago, le contesté con indiferencia, aunque él me preguntó cómo estaba; para mi buena suerte llegó la señorita Jiménez, ¿para mi buena suerte?, bueno nunca creí decir eso, pero así fue, dejo su bolsa y su abrigo de piel en la silla y se acercó al centro del salón para saludarnos, -Buenos días chicos-, todos contestaron con la misma respuesta, acaso, ¿ella no era invisible?, es decir, todos contestaban a lo que les preguntaba, sabían que debían obedecerla, ser educados frente a ella… o pensándolo bien, ella también es invisible, solo que tiene cierto control bajo un tipo de manipulación que es una lista de calificaciones, sabe que es más importante un papel con una buena nota que aprender en un aula, por eso usa su manipulación.
Por fin acabaron las dos clases seguidas de la señorita Jiménez, no se a quien se le ocurrió poner dos horas seguidas de matemáticas tan temprano, seguro a alguien que nos quería fastidiar la vida, como todos los adultos últimamente lo han querido hacer; pero bueno, sigue la hora de descanso, voy con Jenny y veo que ella trae mucho dinero para comprarse algo, mientras yo traigo un sándwich, tan sencillo que ni siquiera se me antojaba, pan, jamón y otra rebanada de pan, digo, ¿quién quisiera algo como esto para comer después de la clase de matemáticas más horrible?, pero tendré que comerlo,-Hoy estaré en la cafetería con Patricia- dijo Jenny,-mmm ok, está bien supongo- le respondí indecisa y cuando la veía marcharse con Patricia llegó Santiago de nuevo, -Veo que Jenny te dejó sola, ¿quisieras comer conmigo hoy?, te puedo compartir de mi almuerzo- está bien, gracias- le dije, no podía quedarme sola en el descanso, porque es como un desierto donde yo no soy el halcón que espera comerse viva a su presa, además me compartiría de su almuerzo, algo mejor que el sándwich que yo traía.
Pasaron unas cuatro horas, el tiempo era tanto en la escuela, pasando tan lento y yo solo esperando salir para… para… bueno solo sabia que quería salir de este infierno para entrar a otro, mi casa, pero al menos era algo diferente, tic, toc, tic, toc, veo el reloj y aún falta una hora para salir de aquí, sesenta minutos más de tortura, tengo que hacer algo para no aburrirme, ¿dibujar?, no.. soy malísima, ¿escribir?, pero…¿sobre qué?, no, no es una buena idea, han pasado 20 minutos, bueno, queda menos que hace un rato.
¡Por fin! Sonó el timbre y me puedo ir de aquí, voy a mi casa y ahora no se qué pasará…

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